© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


lunes, 15 de mayo de 2017

ESTÉTICA DE LA BONDAD EN BERTOLT BRECHT ―EL ALMA BUENA DE SE-CHUAN―





Pilar Alberdi


«Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son imprescindibles». Bertolt Brecht (Antología poética)

«Decir que los buenos fueron vencidos no porque fueron buenos sino porque eran débiles requiere cierto valor». Bertolt Brecht (Las cinco dificultades para decir la verdad)

Introducción

Si asumimos la Metafísica como una Ontología y una Teodicea, esta última con su teoría del mal y de la búsqueda del sentido de la vida, comprenderemos rápidamente que toda la obra (poesía, ensayos, artículos, teatro) de Bertolt Brecht puede explicarse por esas dos últimas categorías.
Brecht, no se pregunta qué es el mal, porque lo sabe, simplemente lo muestra, a través de los pesares que soportan los buenos; la lucha que mantiene la bondad en un mundo, que despliega la maldad cada día y que no la contempla como su bien más necesario.
Como es lógico, en un mundo así, los buenos, viven sin comprender tantas veces lo que les sucede e incluso cuando lo comprenden, a veces, ya es tarde para resolver la situación de otra manera. No es el caso de El alma buena de Se-Chuan. Lo que tampoco soluciona lo esencial, ese dualismo, esa maquinaria binaria, formada por dos palabras, dos realidades, las del bien y el mal en permanente lucha y presentes en el devenir.
Brecht considera que la realidad con sus fuegos de artificio y sus trampas, acostumbra a dejarnos indiferentes, tanto que cuando uno está frente a ella, los ojos dejan de percibirla o se niegan a hacerlo; que el dolor propio no atendido y el dolor ajeno, más lejano todavía, nos hace torpes y descuidados al desgarro emotivo; que el goce personal es egoísta, asumido como necesario y prioritario frente al de los demás; que la actitud excesivamente competitiva y el afán de salir vencedores nos hace soberbios frente a la desigualdad y la miseria. Por eso, precisamente, porque conoce bien el tema, intenta desentrañarlo en cada una de sus obras.
En Las cinco dificultades para decir la verdad lo deja claro, afirma: hay que tener «valor para escribir la verdad, aunque se la desfigure por doquier», «la inteligencia necesaria para describirla», «discernimiento indispensable para difundirla» y «el arte de hacerla manejable como un arma».
Él conoce que la verdad permanece escondida tras las mentiras. Tiene su atención puesta en los desheredados de la tierra, en los humillados, los héroes anónimos y los no tan anónimos (La vida de Galileo). Sabe que siempre ha habido oprimidos y que siempre los habrá, pero también conoce que no es una respuesta de hombres y mujeres dignos, el no presentar batalla. Quiere sacar a la luz el engaño en que pasamos nuestras vidas. Señalar las palabras que distraen, que disfrazan la verdad, que la ocultan y la entierran. Por eso, indica que quien «en la actualidad remplaza “pueblo” por “población” y “tierra” por “propiedad rural” se niega ya a acreditar algunas mentiras». (Puedes continuar con la lectura de este artículo en la revista La caverna de Platón. Gracias)

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